Domingo, 16 de Mayo del 2021
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MENSAJE DE CARDENAL PEDRO BARRETO JIMENO S.J., AL INICIO DE LA SEMANA SANTA 2021
Saturday 27 de March del 2021
www.arzobispadodehuancayo.org/?idt=7&id=5980&web=boletines

 


Muy queridas familias de la Arquidiócesis de Huancayo, queridos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos:


Por segundo año consecutivo celebraremos la Pascua de Jesús y la nuestra sin la presencia de los fieles. Las celebraciones serán transmitidas de manera virtual desde el Arzobispado de Huancayo y de las Parroquias.


Conocemos lo que están pasando en sus familias, sus sufrimientos, sus angustias, tristezas y preocupaciones. Ustedes son parte muy querida de nuestra Iglesia. Queremos seguir caminando juntos y estar atentos a las necesidades y urgencias. Sabemos de su dolor por la partida inesperada de seres queridos; por la pérdida de su trabajo y las urgentes necesidades de muchos de ustedes. Este es el largo Vía Crucis que con Jesús estamos recorriendo juntos durante más de un año.


Por eso, es necesario reflexionar juntos sobre dos ejes fundamentales de la Pascua de Jesús que celebramos en esta Semana Santa: la Cruz y la Resurrección.

 

1. LA CRUZ.

Reunidos en cada familia, como Iglesia doméstica, contemplemos al Crucificado. Dirijamos a Él nuestra mirada de fe y descubramos, una vez más, la grandeza del amor divino.


Con el evangelista san Juan, afirmamos: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo, para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (3, 16).


En el Cuerpo triturado y maltrecho del Hijo de Dios hecho hombre, está enquistado el germen maldito de la corrupción religiosa, política y social de su tiempo y del nuestro.


La Liturgia de la Iglesia Católica actualiza durante la Semana Santa Pasión y Muerte y Resurrección de Jesús en la soledad y sufrimiento de nuestros hermanos enfermos, de los pobres; de los campesinos del área rural; de los indígenas amazónicos; de los migrantes forzados a salir de su propia patria o del lugar donde nacieron; de aquellos que nadie escucha, de las personas que son víctimas de la degradación moral de la sociedad.


También continúa hoy la Pasión de Cristo en el maltrato irracional a nuestra casa común. Ella es “nuestra madre tierra” la que nos ofrece el aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra que por el trabajo de los hombres nos alimenta con sus frutos y la llamamos con cariño nuestra “pacha mama”.


Nuestras vidas están estrechamente ligadas a Dios, que “nos creó a su imagen y semejanza”, a las personas que nos rodean en nuestras familias, en la sociedad y a nuestro entorno natural. Hay una relación de armonía en estas tres dimensiones de la persona humana.


Así se manifiesta en el texto bíblico: “Jesús dando un fuerte suspiro, entregó su espíritu. Entonces… la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron…” (Mateo 27, 50-51). La “tierra tembló”, Esto nos habla de la estrecha relación del hombre con la tierra. Cuando maltratamos o destruimos a la persona, maltratamos y destruimos igualmente a la tierra. Por eso “la tierra tembló”.

 

2. LA RESURRECCIÓN

Mientras avanzan los días se ve una luz al final del túnel. Se comparte una esperanza, empieza a crecer la luz porque nos dice Jesús: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8,1)


El sepulcro está vacío, la piedra ha sido movida y el corazón intuye que algo grande ha sucedido como una buena noticia para nosotros y para toda la humanidad: ¡Cristo ha Resucitado!


Entonces sabemos bien que para el que sigue a Jesús no hay gloria sin cruz, no hay resurrección sin muerte: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto” (Jn. 12, 24).


El drama de Jesús es la expresión de los olvidados de la humanidad. Su muerte en la Cruz cambia la historia humana. Se pasa del pecado, expresión de violencia y división a una experiencia de salvación que está a punto de llegar a su plenitud: pasar de la muerte a la vida por su Resurrección. Por eso es necesario vivir intensamente las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa: Domingo de Ramos, el Jueves de la Institución del Sacerdocio y de la Eucaristía, el viernes la Pasión y Muerte de Jesús. Por último, el sábado con la Vigilia Pascual, el paso de Jesús, de las tinieblas a la luz y el domingo la Misa de la Resurrección del Señor.


Y, desde aquel glorioso día de la resurrección, se ha quedado para siempre con nosotros en la Eucaristía: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28.20). Hermosa promesa.


En este tiempo del Covid 19 que se extiende en el mundo “mantengamos los ojos fijos en Jesús, que inicia y lleva a la perfección la fe” (Ef 4,5). Roguemos al Señor que nos haga experimentar la alegría de su Resurrección para que seamos portadores de esperanza y consuelo en este tiempo de pandemia. Él nos dice: “En el mundo tendrán tribulaciones, pero, ¡ánimo!, yo he vencido al mundo” (Jn 16,33). ¡Aleluya! Este es nuestro grito de victoria frente a toda adversidad, incluso la muerte porque: ¡Cristo ha resucitado!.


 

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