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La Oroya: vía crucis de un pueblo que cree y sufre
Thursday 09 de July del 2015
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La historia de la región central que comprende Pasco, Junín y Huancavelica, principalmente está marcada por la presencia de la actividad minera en gran escala en la que se encuentran empresas como Volcan, Argentum, antes la Cerro de Pasco Cooper Corporation que después de su nacionalización tomó el nombre de Centromin Perú hasta cuando fue vendida a la Doe Run.

La agricultura y ganadería forman parte de una segunda actividad económica  a la que se dedican los pobladores de las zonas alto andinas en su mayoría pobres que siguen la tradición de sus ancestros, mediante las comunidades campesinas, también porque algunos no tuvieron oportunidad de alcanzar un puesto en las planillas de la minería.

Indudablemente, la empresa más representativa fue la Cerro de Pasco Cooper Corporation que operó desde 1922 hasta 1974. En su mejor momento explotó las minas de Casapalca, Morococha, Andaychagua, San Cristóbal, Cerro de Pasco y Cobriza y procesó minerales en el complejo metalúrgico de La Oroya que era una de las más grandes de Sudamérica también con una de las chimeneas más altas del mundo. Alguna vez alcanzó una planilla de 20 mil trabajadores en todas sus áreas.

De sus centros de producción salía por tren y carretera a los puertos del Callao, para la exportación,  polimetálicos, entre ellos, oro, plata, cobre, zinc, y tungsteno,  que constituían una gran riqueza para quienes la explotaban y para el Estado por las divisas que generaba.

La Cerro incursionó también la agricultura y ganadería, pues, tenía grandes extensiones dedicadas a la crianza de vacunos y ovinos, entre estos últimos una raza denominada “Junín” que proveía carne y lana. Incluso, tenía concesiones en la selva central donde explotaban la madera para las minas y los ferrocarriles que también eran suyos, así como en su patrimonio figuraban centrales eléctricas.

Lo que fue un emporio de la minería en la región Junín, se convertiría después en la más grande fuente contaminante que mató la agricultura y la ganadería de sus alrededores, envenenó a las poblaciones vecinas, principalmente La Oroya, donde al aire era irrespirable, con un ardor que afectaba la garganta y que era como algo propio de esta ciudad metalúrgica. Los obreros que no tenían más que una cubierta de paño en el rostro, lentes de seguridad, guantes que cubrían  hasta el antebrazo, pantalones y saco de jebe y zapatos de seguridad, empezaron a sufrir las consecuencias de la contaminación del aire, agua y suelo, enfermando y muriendo muchos de ellos con la neumoconiosis, una enfermedad que afectaba los pulmones. El promedio de vida no pasaba de los cincuenta años.

Los familiares, esposas, hijos y los que estaban alrededor del campamento en el que los trabajadores tenían un cuartito de 4 x 4 empezaron también a contaminarse. Sin embargo, a nadie parecía preocuparles esta situación, era casi normal que presentaran algunos males que eran tratados en los centros médicos de la empresa. La legislación hasta cierto punto no contemplaba los efectos contaminantes de la minería.

Ante este panorama, el obispo de entonces, en la década de los años 20, monseñor Rubén Berroa, alzó su voz por primera vez y se refirió a esos gigantescos hornos y chimeneas que arrojaban humos y contaminaban el ambiente. Pasaron los años y esos monstruos que arrojaban los humos envenenados continuaban, porque era parte de La Oroya conocida como “La ciudad de los humos”.

LA CARTA PASTORAL DE MONSEÑOR JOSE RÍOS REYNOSO

En el año 1998, el arzobispo metropolitano de Huancayo de entonces, monseñor José Paulino Ríos Reynoso, escribió la carta pastoral “El cuidado de la casa común, hacia una ecología humana”, con motivo de la festividad de San Francisco de Asís, patrono de la ecología, tan venerado en el valle del Mantaro, en la que ofrecía sus reflexiones a los hijos de la Iglesia que viven en Yauli, Jauja, Concepción, Chupaca y Huancayo, con sus distritos y anexos, persuadido de que el cuidado prodigado al medio ambiente natural es también un reflejo del cuidado  que se prodiga al medio ambiente humano.

Monseñor Ríos decía que la conciencia ecológica se ha desarrollado en las últimas décadas a partir de la percepción de que la vida en el planeta corre peligro. Se refería al abuso en el consumo de recursos naturales no renovables, la amenaza de extinción de las especies vegetales y animales, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación de las aguas, y del aire, el depósito no controlado de residuos sólidos, entre otros factores.

En este sentido, hacía eco del lema de la Cumbre sobre la Tierra realizada en Río de Janeiro: ¡Salvemos la tierra!, para emprender las acciones correctivas a aquellos desequilibrios que son causados por el mismo hombre. También señalaba que la Iglesia estaba profundamente preocupada por el problema y quería en su tiempo sumar su contribución a la que ya se vislumbraba entre los distintos actores. Monseñor repetía, la Tierra está en peligro, en emergencia, tenemos que hacer mucho por salvarla. Un llamado a la conciencia ecológica.

LLEGA MONSEÑOR PEDRO BARRETO

Fue el 17 de julio de 2004 que el papa Juan Pablo II nombró arzobispo metropolitano de Huancayo a monseñor Pedro Ricardo Barreto Jimeno, sacerdote jesuita, quien venía de haber sido vicario apostólico de Jaén.

El 4 de setiembre se produjo su entrada a la Arquidiócesis de Huancayo para tomar posesión del cargo el 5 de setiembre. Como titularon los medios de comunicación, venía en nombre del Señor para conducir a una grey que creía y sufría.

En el trayecto, desde Ticlio, monseñor Barreto fue recibido en medio de alfombras de flores y mucho afecto. Sin embargo, en medio de la lluvia que caía ese día y entre las flores y las muestras de afecto, percibía el llanto de los pobladores que le presentaban sus primeras quejas y una de ellas era que estaban sufriendo las consecuencias de la contaminación producida por la actividad minera. Una madre de familia le dijo: “Padre, mi hijo se está muriendo porque tiene plomo en la sangre. No importa que yo tenga plomo y me muera porque ya estoy vieja, pero mi niño no, por favor, haga algo”. Estas palabras conmovieron al pastor, quien se interesó en el tema y fue ahondando entre el clamor y el grito de la gente que La Oroya era un foco grande de contaminación que estaba afectando a los niños, en gran parte.

LO QUE DIJO EN LA TOMA DE POSESIÓN: CONVERSIÓN ECOLÓGICA
Durante la toma de posesión, el 5 de setiembre del 2004, monseñor Barreto invitó a construir una Iglesia “Incontrastable”, es decir una comunidad tan fuerte que no se deje vencer o conquistar por la mentira y la maldad; por la infidelidad y la violencia; por el odio y la venganza. Una Iglesia que se abre al Espíritu del Señor y se deja conquistar por Él.

Les invito también, dijo, con la ayuda de Dios y la colaboración desinteresada de todos, a construir una Iglesia comunidad de comunidades que refleje el amor liberador de Dios, donde la vida y la verdad del Evangelio de Jesucristo irradie esperanza, justicia, solidaridad y paz para los más pobres porque como decía el papa Juan Pablo II: “Si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, ni siquiera para los llamados ricos.” (PG. 67).

Entre los desafíos pastorales, al asumir su cargo, expresó: “Sin duda, en nuestro contorno se nos presenta el desafío de respetar el medio ambiente y el cuidado de la creación”. Recordó lo que dijo el papa Juan Pablo II: “… El signo más profundo y grave de las implicaciones morales inherentes a la cuestión ecológica, es la falta de respeto a la vida, como se ve en muchos comportamientos contaminantes. Las razones de producción prevalecen a menudo sobre la dignidad del trabajador, y los intereses económicos se anteponen al bien de cada persona, o incluso al de poblaciones enteras. En estos casos, la contaminación o la destrucción del ambiente son fruto de una visión reductiva y antinatural, que configura a veces un verdadero y propio desprecio del hombre” (PG 70).

Agregó monseñor: “por eso he estado y estaré muy atento –entre otras situaciones- al grave problema de la contaminación ambiental que viene afectando seriamente la salud de los pobladores de La Oroya. El derecho a la vida y a la salud está por encima de cualquier otro derecho. Por eso seguiremos apoyando a la comunidad parroquial presidida por el P. Robin Urrutia, Misionero de la Preciosa Sangre para acompañarla desde la fe en Jesús y la Doctrina Social de la Iglesia”.

Señaló más adelante: “evidentemente, no sólo está en juego una ecología física (hábitat de los diversos seres vivientes), sino también una ecología humana, que proteja el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones. Por eso, la Iglesia invita a una conversión ecológica y afirma que el  hombre ha sido puesto en el centro de la creación como servidor del Creador”.

NOVENTA Y NUEVE POR CIENTO DE NIÑOS AFECTADOS

Para entonces, los graves efectos que producen los contaminantes tóxicos como el plomo, arsénico, cadmio y dióxido de azufre afectaba la salud de la población, sobre todo en los niños y niñas de La Oroya. Un estudio del Ministerio de Salud arrojaba que el 99.9 por ciento de los niños estaba afectado con el plomo en la sangre en niveles de 30 y 40 microgramos por decilitro de sangre, más de 3 y 4 veces de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

Frente a esta situación y atendiendo la solicitud de las asociaciones por la salud, médicos y pobladores, el Arzobispado de Huancayo, a principios del mes de noviembre de 2004, solicitó a la Universidad Saint Louis de Missouri (Estados Unidos de Norteamérica) realizar un diagnóstico con solidez técnica y con credibilidad de la real situación de salud ambiental y social de La Oroya, como contraparte peruana se conformó una comisión de alto nivel científico para respaldar el estudio solicitado.

Monseñor Barreto dijo que conociendo la realidad de la problemática ambiental se podía pensar en una solución integral elaborando un presupuesto necesario para asegurar la vida, la salud, la estabilidad laboral y la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible.

Entretanto, las parroquias solidarias de La Oroya, Yauli y Morococha realizaron una campaña para rescatar los valores, culminando con una misa de solidaridad, después se llevó a cabo la procesión con el Santísimo Sacramento como expresión plena de la solidaridad de Dios con el pueblo. La participación de la población fue muy significativa como respaldo a los valores de la vida y la salud.

PAMA Y VIOLENCIA

La empresa Doe Run que ganó la subasta del complejo metalúrgico de La Oroya, asumió el compromiso de ejecutar el Programa de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA) desde 1997 a enero de 2007, el mismo que si se hubiese cumplido, las implicancias habrían sido favorables en el medio ambiente y la salud de los pobladores de La Oroya y de la región central. Sin embargo, la empresa estaba solicitando la postergación de ese PAMA, ahondando el problema; lejos de atenuar, lo agudizaba, argumentando que no había dinero, cuando las utilidades eran cuantiosas y se iban para su matriz.

Los días 6 y 7 de diciembre del 2004 se produjo una paralización en La Oroya, pidiendo la porstergación del PAMA, provocando incertidumbre, angustia, confusión e indignación en la sociedad civil, la carretera central fue bloqueada, hubo daños a la economía de los comerciantes, transportistas y productores agrarios de la sierra y la selva central. Hubo dos muertos.

Estos trágicos acontecimientos hicieron que monseñor Barreto propusiera un diálogo veraz, responsable, solidario y pacífico entre los actores sociales para afirmar que: “El derecho a la vida y a la salud está por encima de cualquier otro derecho”.

Es así cómo se pusieron las bases de la “Mesa de diálogo para la solución integral y sostenible al problema de salud ambiental y laboral en La Oroya y la recuperación de la cuenca del río Mantaro”, idea que desde un principio tuvo la acogida y aceptación de las instituciones públicas y privadas y de la sociedad civil. Más de 60 organizaciones fueron inscritas en el padrón de asociados para defender la vida y la salud de los pobladores con un trabajo digno.

MESA DE DIÁLOGO Y VÍA CRUCIS

El 22 de marzo del año 2005 se instaló la Mesa de Diálogo en un foro público que llenó el auditorio del Arzobispado. Fue el inicio de un largo camino, de reuniones, trabajo conjunto, viajes, conversaciones, en el que la empresa pidió hasta tres veces la postergación del PAMA, mientras se hacía más difícil la situación.

La Iglesia sufrió los ataques de las personas que estaban a favor de la empresa. Decían que no debía meterse en temas sociales. “Zapatero a tus zapatos”, repetían. De los insultos pasaron a las amenazas de muerte. Monseñor Barreto fue amenazado hasta en dos oportunidades, en una, pasearon su ataúd por las instalaciones de la fundición y en otra le dijeron que se callara, porque sino que se atenga a las consecuencias.

Con la Mesa de Diálogo que era una institución de propuestas antes que de protestas empezó el vía crucis del arzobispo de Huancayo.

_ ¿Era una lucha desigual, entre David y Goliat?

_ Claro que sí, una empresa poderosa con muchos millones de dólares frente a un arzobispo que tenía como únicas armas el don de la palabra, la oración y la bendición de Dios.

_ ¿Estaba solo o lo acompañaron sus hermanos obispos y sacerdotes de la Diócesis?

_ Al principio sí, solo, pero después los sacerdotes comprendieron que no era un asunto mío sino de la Iglesia, porque era una exigencia de la Doctrina Social. En el Episcopado igual, hubo hermanos que se solidarizaron, por eso agradezco estas muestras de fraternidad, que Dios les bendiga.

_ ¿Tuvo miedo a las amenazas?

_ Sí, por el daño a la Iglesia. Personalmente, estaba preparado para todo. En varias reuniones con la empresa, los sindicatos y la sociedad civil, recibí golpes, escupitajos e insultos, sólo por defender el medio ambiente la vida y la salud.

_ ¿Sintió el deseo de abandonar todo?

_  No lo creo. Primero estaba el deseo de cumplir con el objetivo, la misión que teníamos que cumplir y, sobre todo, atender el clamor de la población desde mi llegada. No podía defraudar el llanto de la gente que pedía mejores condiciones de vida y trabajo en una ciudad considerada como una de las diez más contaminadas del mundo.

_ Entretanto, ¿qué hacía, cuál era el objetivo de la Mesa de Diálogo?

_ En primer lugar, sensibilizar a las autoridades y a la población sobre la grave situación de La Oroya. No era posible que muera la gente por la contaminación. El trabajo es un derecho, pero por encima de ese derecho está la vida y la salud. Ante la negativa de la empresa, nuestra exigencia era que cumpla con el Programa de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA), que respete los estándares de control y que el trabajo sea digno y seguro para los más de 3 mil trabajadores que componían las planillas.

­­_ ¿Después qué pasó?

_ La empresa nunca actuó de manera transparente, de tal manera que sus mentiras lo llevaron al cierre, con muchas obligaciones económicas por cumplir hasta la fecha. Tiene acreedores, la deuda mayor es con los trabajadores que ahora son algo de dos mil y reciben sólo el 40 por ciento de sus sueldos. De esto hace seis años. La fundición está apagada y no funciona.

_ ¿Qué significó el cierre de Doe Run?

_ Una buena noticia que dignifica a la persona. La calidad del aire en La Oroya había mejorado notablemente. La concentración del dióxido de azufre reducido en un 99.5 por ciento y la presencia del plomo en material particulado disminuyó en un 98.8 por ciento. Respecto a la salud, nos alentaba saber que según los resultados de los censos hemáticos por el convenio entre el Ministerio de Salud, Doe Run Perú y el Gobierno Regional de Junín, en el 2008, con el Complejo Metalúrgico en actividad, indicaban que sólo el 5.91 por ciento de los evaluados tenían niveles menores a 10 microgramos por decilitro de sangre. Hoy es posible observar que las plantas crecen, hay flores y se puede cultivar alimentos en algunas partes.

_ ¿Qué otros resultados de la Mesa de Diálogo?

_ Se dieron a conocer los resultados de los análisis realizados en la Universidad de San Luis de Misuri confirmando la grave situación de la salud en La Oroya y sorprendieron los niveles de plomo, cadmio y arsénico en la ciudad de Concepción, a 100 kms. de La Oroya; se conformaron mesas de diálogo en las provincias de la región; hicimos posible el proyecto de “siembra monte”, contrario al “cortamonte” que es una costumbre en las fiestas de carnaval. Son más de 160 hectáreas de forestación. Impulsamos el proyecto “El Mantaro revive” que se describe como un conjunto de iniciativas para la recuperación y la lucha contra la contaminación ambiental en la cuenca del río Mantaro. También pusimos en marcha un programa de alimentación especial para los niños afectados por el plomo y establecimos el monitoreo permanente del agua, suelo y aire en la región.

Asimismo, se logró que la Mesa de Dialogo mejore la conciencia ambiental a nivel de la cuenca del río Mantaro, fortaleciendo la participación de la sociedad civil, promoviendo el diálogo con empresas privadas y el Estado, concertando para el logro de políticas ambientales que garanticen el derecho a una mejor calidad de vida, priorizando la salud ambiental y el manejo sostenible de los recursos naturales en la zona media y alta de la cuenca del río Mantaro, con énfasis en La Oroya.

_ ¿Volverá a operar el Complejo Metalúrgico de La Oroya?

_ La Oroya atraviesa por un momento crítico debido a la paralización del complejo metalúrgico. La población pide el reinicio de las operaciones. La Iglesia no está contra la minería, sólo exigimos que se respete el medio ambiente, la vida y la salud de las personas, especialmente niños. Esperamos también  que se cumplan los estándares permitidos por la Organización Mundial de la Salud. Así como la minería contamina también hay tecnología que descontamina.

_ ¿Qué otros casos medioambientales preocupan a la Iglesia?

_ Por ahora tenemos la Mesa de diálogo para el reasentamiento de la ciudad de Morococha, una de las pocas experiencias en el mundo de traslado de toda una población para dar paso a la explotación minera. Estamos en este trabajo que será otra historia para contar.

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