Lunes, 24 de Febrero del 2020
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Epifanía del Señor: 5 de enero del 2020
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SEÑOR, TE HE BUSCADO Y TE HE HALLADO


   El Niño Jesús es mala noticia para unos y buena noticia para otros,

es rechazado por unos que están dentro de la comunidad cristiana,

y aceptado por otros que están fuera de nuestra comunidad.

*El rey Herodes quiere saber dónde está el Niño, pero para matarlo.

*Los sacerdotes y los maestros de la ley, saben que el Mesías

ha de nacer en Belén (Miq 5,1s), pero permanecen indiferentes.

*Sin embargo, unos sabios de Oriente buscan y hallan al Niño


 

En Jerusalén, Jesús es rechazado por las autoridades

   Cuando Herodes se entera que unos sabios de Oriente preguntan:

¿dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer?,

se pone nervioso, teme a ese Niño pobre que ha nacido en Belén,

y para acabar con Él, ordena matar a los niños menores de dos años.

Recordemos que Herodes está al servicio del imperio romano.

Para mantenerse en el poder, asesina no solo a sus enemigos,

sino también a sus propios familiares (cuñado, suegra, esposa e hijos).

   “Los Herodes” que viven hoy, de rodillas ante el capitalismo,

temen perder sus privilegios (poder político y poder económico).

Al respecto, el papa Francisco hace esta denuncia (en EG, n.53):

Hoy, todo entra dentro del juego de la competitividad

y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil.

Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población

se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida.

   Las autoridades religiosas de Jerusalén rechazan a Jesús, porque

han hecho de la Casa de oración… una cueva de ladrones (Mt 21,13).

   Los maestros de la ley y fariseos, expertos en la Escritura,

no hacen nada para seguir el ejemplo de los sabios de Oriente.

Refiriéndose a estos especialistas, años después, Jesús les dirá:

Ustedes estudian las Escrituras con mucho cuidado,

porque esperan encontrar en ellas la vida eterna…

pero ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida (Jn 5,39ss).



En Belén, unos sabios extranjeros adoran a Jesús

   El texto de Mateo no dice que son tres reyes, ni de razas diferentes.

Todo eso es imaginación de la tradición cristiana (G. Gutiérrez).

   El mérito de aquellos sabios está en que guiados por una estrella,

lo dejan todo y buscan al que es Camino, Verdad y Vida (Jn 14, 6).

En ellos se cumple lo que dice el profeta Isaías (9,1):

Habitaban en una tierra de sombras y una luz brilló ante sus ojos.

   Después de haber estado en Jerusalén, los sabios llegan a Belén.

Entran en la casa. Ven al Niño con María, su madre. Se arrodillan.

Le adoran. Abren sus cofres y le ofrecen: oro, incienso y mirra.

Desde la época de los Santos Padres (siglo IV) se dice que ofrecen:

oro porque es Rey, incienso porque es Dios, mirra porque padecerá.

Sin embargo, lo que dice Santo Tomás de Aquino es más acertado:

Oro, porque son pobres… Incienso, por el mal olor del establo

Mirra, para la salud del Niño… (Lectura, n.201).

   Reflexionemos sobre las palabras de Tomás de Aquino (1225-1274).

*¿Por qué se permite a quienes buscan y adoran el becerro de oro,

destruir la tierra y explotar a los pobres con salarios miserables?

¿Hasta cuándo los pobres campesinos y nativos de la Sierra y Selva,

seguirán siendo expulsados de la tierra donde han nacido?

*Sobre el mal olor, escuchemos al Papa Francisco, obispo de Roma:

La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más

en un inmenso depósito de porquería. En muchos lugares del planeta,

los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven

inundados de basura (residuos industriales y productos químicos…).

Muchas veces se toman medidas solo cuando se ha producido

efectos irreversibles para la salud de las personas (Laudato si, n.21).

*Siendo el hambre la causa principal de enfermedades y muertes:

¿Es justo que los fabricantes y traficantes de armas amontonen dinero,

causando enfermedad y muerte a millones de personas indefensas?

¿Qué nos impide seguir los pasos de Jesús, Profeta de la misericordia,

que durante su vida se preocupa y hace el bien a los que sufren?

¿Por qué damos preferencia a ciertas fiestas en honor del Niño Jesús,

dejando de lado (por no decir en el olvido) las enseñanzas de Cristo:

quiero que sean compasivos y no que ofrezcan sacrificios? (Mt 9,13). 

   Teniendo presente el ejemplo de aquellos sabios “extranjeros”,

ojalá nosotros -seguidores de Jesús- con el testimonio de nuestra vida,

podamos decir: Señor, te he buscado y te he encontrado.   J. Castillo

 

RESPONDER A LA LUZ

   Según el gran teólogo Paul Tillich, la gran tragedia del hombre moderno es haber perdido la dimensión de profundidad. Ya no es capaz de preguntar de dónde viene y adónde va. No sabe interrogarse por lo que hace y debe hacer de sí mismo en este breve lapso de tiempo entre su nacimiento y su muerte.

   Estas preguntas no encuentran ya respuesta alguna en muchos hombres y mujeres de hoy. Más aún, ni siquiera son planteadas cuando se ha perdido esa «dimensión de profundidad». Las generaciones actuales no tienen ya el coraje de plantearse estas cuestiones con la seriedad y la hondura con que lo han hecho las generaciones pasadas. Prefieren seguir caminando en tinieblas.

   Por eso, en estos tiempos hemos de volver a recordar que ser creyente es, antes que nada, preguntar apasionadamente por el sentido de nuestra vida y estar abiertos a una respuesta, aun cuando no la veamos de manera clara y precisa.

   El relato de los magos ha sido visto por los Padres de la Iglesia como ejemplo de unos hombres que, aun viviendo en las tinieblas del paganismo, han sido capaces de responder fielmente a la luz que los llamaba a la fe. Son hombres que, con su actuación, nos invitan a escuchar toda llamada que nos urge a caminar de manera fiel hacia Cristo.

   Nuestra vida transcurre con frecuencia en la corteza de la existencia. Trabajos, contactos, problemas, encuentros, ocupaciones diversas, nos llevan y traen, y la vida se nos va pasando llenando cada instante con algo que hemos de hacer, decir, ver o planear.

   Corremos así el riesgo de perder nuestra propia identidad, convertirnos en una cosa más entre otras y vivir sin saber ya en qué dirección caminar. ¿Hay una luz capaz de orientar nuestra existencia? ¿Hay una respuesta a nuestros anhelos y aspiraciones más profundas? Desde la fe cristiana, esa respuesta existe. Esa luz brilla ya en ese Niño nacido en Belén.

   Lo importante es tomar conciencia de que vivimos en tinieblas, de que hemos perdido el sentido fundamental de la vida. Quien reconoce esto no se encuentra lejos de iniciar la búsqueda del camino acertado.

   Ojalá en medio de nuestro vivir diario no perdamos nunca la capacidad de estar abiertos a toda luz que pueda iluminar nuestra existencia, a toda llamada que pueda dar profundidad a nuestra vida.


José Antonio Pagola (2017)

 

 

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