Martes, 18 de Febrero del 2020
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Santa María, Madre de Dios: 1º de enero del 2020
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MADRE DE JESÚS Y MADRE NUESTRA


   Sigamos el ejemplo de María, la madre de Jesús, que:

-Acoge a los pastores que llegan para ver al Niño recién nacido…

-Observa y medita en su corazón lo que dicen los pastores…

-Hace la voluntad de Dios, circuncidando al Niño…

   Que María -madre de Jesús y madre de todos nosotros- y San José:

nos acompañen…Solo somos huéspedes y peregrinos en esta tierra.

 

Los pastores van de prisa a Belén


  José y María son jóvenes y humildes esposos, sin prestigio ni poder.

Sin embargo, desde su pobreza acogen a unos pastores despreciados,

a quienes el ángel del Señor les anunció el nacimiento de Jesús. Ellos,

después de ver a María, a José y al Niño acostado en un establo,

se van alabando a Dios por todo lo que han contemplado y oído.

   Pasa el tiempo, y aquel Niño crece en edad, gracia y sabiduría,

sin olvidar: su nacimiento en un establo… y la visita de los pastores.

Años después, el Profeta de Nazaret anunciará a sus seguidores:

Felices ustedes los pobres, el Reino de Dios les pertenece (Lc 6,20).

Para Jesús, los pobres explotados y excluidos son los privilegiados.

   Supongamos -dice Santiago- que cuando ustedes están reunidos,

entra un rico con anillos de oro y vestido elegante,

y entra también un pobre con ropas sucias.

Y ustedes fijando la mirada en el que tiene vestidos lujosos le dicen:

siéntate aquí en este lugar reservado.

Y al pobre le dicen: tú quédate de pie, o siéntate allí en el suelo.

Al actuar así, ¿no están juzgando con pésimos criterios?

¿Acaso no escogió Dios a los pobres para hacerlos ricos en la fe,

y herederos del Reino que prometió a quienes le aman?

¿No son los ricos los que oprimen y hablan mal de Cristo? (2,1-7).

   Cuando sus discípulos discuten sobre quién es el más importante,

Jesús toma a un niño, lo pone en medio de ellos, y les dice:

Quien recibe a este niño en mi nombre, a mí me recibe (Lc 9,48).


María observa y medita en su corazón

   Muchos de nosotros, arrastrados por tanta propaganda comercial,

hemos perdido la capacidad de ver el sufrimiento de los pobres.

   Muy diferente lo que Dios, Padre misericordioso, dice a Moisés:

He visto la opresión de mi pueblo y he bajado a liberarlo (Ex 3,7s).

   Lo mismo hace María, la madre de Jesús, al acoger a los pastores.

Recordemos que en esa época, los pastores eran trabajadores impuros,

por vivir junto con los animales y, por eso, eran despreciados.

Además, nadie les hubiera invitado a visitar a un recién nacido.

Pero allí están, contando lo que el ángel les ha dicho sobre el Niño.

Es por eso que María observa estas cosas y las medita en su corazón.

Lo mismo hace María, cuando Jesús se queda en Jerusalén (Lc 2,51).

   Hoy en día, ¿sabemos ver las señales de los tiempos? (Mt 16,1ss).

Sobre la importancia de este tema, el Concilio Vaticano II dice:

La Iglesia debe observar a fondo los signos de la época

e interpretarlos a la luz del Evangelio. Solo así podrá responder

a las interrogantes sobre el sentido de la vida presente y futura (GS 4).

 

Circuncidan al Niño y le ponen por nombre Jesús

   Los jóvenes esposos José y María hacen la voluntad de Dios.

Ocho días después de su nacimiento, circuncidan al Niño,

para incorporarlo al pueblo de Dios (Gen 17,12).

Y, ese mismo día, le ponen por nombre Jesús (=Dios salva).

   Lo que dijo Juan Pablo I (obispo de Roma solo durante 33 días),

viene a ser un buen comentario de lo que hoy estamos celebrando:

Todos los hombres tienen hambre y sed de paz.

La tienen sobre todo los pobres que son los que más pierden y sufren

en los conflictos y las guerras (…).

Los que estamos aquí tenemos los mismos sentimientos,

somos objeto de un amor sin fin de parte de Dios.

Sabemos que Él siempre tiene los ojos fijos en nosotros,

también cuando nos parece que es de noche.

Dios es Padre, más aún, es Madre.

No quiere nuestro mal, solo quiere hacernos bien, a todos.

Y los hijos enfermos tienen mayor motivo para que la madre los ame,

también nosotros, si estamos enfermos de maldad o fuera de camino,

tenemos un título más para ser amados por el Señor (10 sept.1978).

¡FELIZ AÑO NUEVO!, les deseo a todos ustedes. J. Castillo A.

 

LA MADRE

   A muchos puede extrañar que la Iglesia haga coincidir el primer día del nuevo año civil con la fiesta de Santa María Madre de Dios. Y sin embargo, es significativo que, desde el siglo IV, la Iglesia, después de celebrar solemnemente el nacimiento del Salvador, desee comenzar el año nuevo bajo la protección maternal de María, Madre del Salvador y Madre nuestra.

   Los cristianos de hoy nos tenemos que preguntar qué hemos hecho de María estos últimos años, pues probablemente hemos empobrecido nuestra fe eliminándola demasiado de nuestra vida.

   Movidos, sin duda, por una voluntad sincera de purificar nuestra vivencia religiosa y encontrar una fe más sólida, hemos abandonado excesos piadosos, devociones exageradas, costumbres superficiales y extraviadas.

   Hemos tratado de superar una falsa mariolatría en la que, tal vez, sustituíamos a Cristo por María y veíamos en ella la salvación, el perdón y la redención que, en realidad, hemos de acoger desde su Hijo.

   Si todo ha sido corregir desviaciones y colocar a María en el lugar auténtico que le corresponde como Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, nos tendríamos que alegrar y reafirmar en nuestra postura.

   Pero, ¿ha sido exactamente así? ¿No la hemos olvidado excesivamente? ¿No la hemos arrinconado en algún lugar oscuro del alma junto a las cosas que nos parecen de poca utilidad?

   Un abandono de María, sin ahondar más en su misión y en el lugar que ha de ocupar en nuestra vida, no enriquecerá jamás nuestra vivencia cristiana sino que la empobrecerá. Probablemente hemos cometido excesos de mariolatría en el pasado, pero ahora corremos el riesgo de empobrecernos con su ausencia casi total en nuestras vidas.

   María es la Madre de Cristo. Pero aquel Cristo que nació de su seno estaba destinado a crecer e incorporar a sí numerosos hermanos, hombres y mujeres que vivirían un día de su Palabra y de su gracia. Hoy María no es solo Madre de Jesús. Es la Madre del Cristo total. Es la Madre de todos los creyentes.

   Es bueno que, al comenzar un año nuevo, lo hagamos elevando nuestros ojos hacia María. Ella nos acompañará a lo largo de los días con cuidado y ternura de madre. Ella cuidará nuestra fe y nuestra esperanza. No la olvidemos a lo largo del año.


J. A. Pagola (1984)

 

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