Lunes, 24 de Febrero del 2020
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4º Domingo de Adviento, ciclo A: 22 de diciembre del 2019
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JESÚS ESTÁ CON NOSOTROS


   En el pueblo de Nazaret, José y María -como toda familia humana-

viven entre: gozos y esperanzastristezas y angustias (LG, n.1).

   Siendo personas sencillas, los dos están al servicio de Dios,

para que Jesús, el Hijo amado, nos salve y esté con nosotros

 

Jesús viene a salvarnos

   José, hombre justo, no denuncia a María que está embarazada.

Pero, al decidir abandonarla en secreto, el ángel del Señor le dice:

No temas recibir a María como tu esposa… Ella dará a luz un hijo,

a quien llamarás Jesús, pues Él salvará a su pueblo de sus pecados.

   José oye la voz de Dios y se pone al servicio de Jesús y de María.

Como esposo acoge a María para que cumpla su tarea de madre, y

-como padre adoptivo- pone al Niño el nombre Jesús: “Dios salva”.

   Recuperemos la Buena Noticia del nacimiento de Jesús que viene

a salvarnos, meditando en los siguientes textos… y practicándolos:

*Las personas despreciadas (como eran los pastores en esa época)

necesitan ser acogidas… y oír esta Buena Noticia de liberación:  

No teman… Hoy ha nacido para ustedes el Salvador (Lc 2,10s).

*El anciano Simeón -persona de esperanza- antes de morir exclama:

Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz,

porque mis ojos han visto la salvación (Lc 2,29s).

*Dios envió a su Hijo Único no para condenar al mundo,

sino para salvarlo (Jn 3,17), y lo hizo ofreciendo su propia vida.

*Al oír las enseñanzas de Jesús, muchos samaritanos creen en Él:

Sabemos que Éste es realmente el Salvador del mundo (Jn 4,42).

*Jesús, el Buen Pastor, que viene para que tengamos vida plena,

denuncia a las malas autoridades que roban, matan… Él nos dice:

Yo soy la puerta, quien entra por mí se salvará (Jn 10,9).

*Es difícil pero no imposible que los ricos se salven (Lc 18,27),

para eso, deben dar sus bienes a los pobres como hace Zaqueo… A él

Jesús le dice: Hoy ha llegado la salvación a esta casa (Lc 19,9).


Jesús nos dice: Yo estoy con ustedes

   A continuación Mateo dice que esto sucedió para que se cumpla

lo que el Señor ha dicho por medio del profeta Isaías (1ª lectura):

La virgen está embarazada y dará a luz a un hijo,

que se llamará Emmanuel, y significa: “Dios con nosotros”.

   Al respecto, los siguientes textos bíblicos tienen mucha actualidad:

*Cuando Dios decide liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto,

se aparece a Moisés y le dice: Anda, yo te envío al faraón

para que saques a mi pueblo de Egipto… Yo estoy contigo (Ex 3,12).

*También a Josué -sucesor de Moisés- el Señor le dice:

¡Yo te envío! ¡Ánimo, sé valiente! No tengas miedo ni te desanimes.

Yo tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas (Jos 1,9).

*Lo mismo sucede con el profeta Jeremías, Dios le anima diciendo:

No les tengas miedo, pues yo estaré contigo para protegerte (Jer 1,8).

   El nombre “Dios con nosotros” atraviesa el Evangelio de Mateo:

*El Hijo de María se llama Emmanuel: Dios con nosotros (Mt 1,23).

*Enseñando sobre la importancia de la reconciliación fraterna,

Jesús dice a la gente: Donde dos o tres se reúnen en mi nombre,

yo estoy allí, en medio de ellos (Mt 18,20). En nuestros días,

necesitamos aumentar las Pequeñas Comunidades de Base que son:

fuente y semilla de variados servicios a favor de la vida (DA,179).

*Jamás debemos olvidar que Jesús está con nosotros, sobre todo

entre sus hermanos empobrecidos que tienen hambre, sed…(Mt 25).

Esta presencia de Jesús la repetimos muchísimas veces con palabras,

pero qué difícil hacerla realidad en nuestras comunidades cristianas.

   Sobre esta presencia, recordemos lo que dijeron nuestros obispos:

Como Cristo realizó la obra de redención en pobreza y persecución,

así la Iglesia está destinada a seguir ese mismo camino (…).

Cristo fue enviado por el Padre para: evangelizar a los pobres,

levantar a los oprimidos, buscar y salvar lo que estaba perdido;

así también la Iglesia abraza con su amor

a todos los afligidos por la debilidad humana.

Más aún, la Iglesia reconoce en los pobres y en los que sufren

la imagen de su Fundador pobre y paciente,

se esfuerza en remediar sus necesidades

y procura servir en ellos a Cristo. (Concilio Vaticano II, LG, n.8).

*En medio de tantos problemas, no estamos abandonados, pues Jesús

está con nosotros, hasta el fin del mundo (Mt 28,20).   J. Castillo A.

 

EXPERIENCIA INTERIOR

   El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también Emmanuel. Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa: Dios con nosotros? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.

   Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos “Dios” no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea?

   De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso, muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del Universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.

   El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno.

   ¿Es posible? El secreto consiste, sobre todo, en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar “acogiendo” la paz, la vida, el amor, el perdón... que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.

   Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.

   Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo veinte, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre. El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad.    

José Antonio Pagola (2013)

 

 

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