Lunes, 24 de Febrero del 2020
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1º Domingo de Adviento, ciclo A: 1 de diciembre del 2019
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ESTÉN PREPARADOS

   En estos días previos a la Navidad, muchos de nosotros

nos dejamos arrastrar por la propaganda comercial que esclaviza.

Lamentablemente, vivimos sin dar sentido a nuestra existencia,

y preferimos seguir con ciertas costumbres y tradiciones; mientras

los niños pobres no tienen el pan que necesitan cada día.

   Adviento es un tiempo para estar despiertos, vigilantes, preparados,

para despojarnos de las obras de las tinieblas (2ª lectura).

 

Sucederá como en los días de Noé

   Según el texto de Mateo, Jesús está en el monte de los Olivos,

enseñando a sus seguidores sobre el fin de un mundo injusto

y sobre el Hijo del hombre que vendrá cuando menos lo esperen.

   Les habla de Noé. También del diluvio que tiene un mensaje actual,

pues la destrucción de la tierra es causada por los seres humanos:

El Señor vio que en la tierra crecía la maldad de los hombres,

y que todos sus proyectos tendían siempre hacia el mal

La tierra estaba corrompida y llena de crímenes… (Gen 6,5ss).

Entre tanto, comen, beben, se casan… sin tener una meta, un ideal.

Algo semejante sucede hoy con la celebración de la fiesta navideña:

Mientras unos pasan hambre, otros están borrachos (1Cor 11,21).

   Que el siguiente mensaje del Papa Paulo VI no sea letra muerta:

Cuando tantos pueblos tienen hambre,

cuando tantos hogares sufren miseria,

cuando tantos hombres viven sumergidos en la ignorancia,

cuando aún quedan por construir tantas escuelas, hospitales,

viviendas dignas de este nombre;

todo derroche público o privado,

todo gasto de ostentación nacional o personal,

toda carrera de armamentos se convierte en un escándalo intolerable.

Nos vemos obligados a denunciarlo. Quieran los responsables

oírnos antes de que sea demasiado tarde (PP, 1967, n.53).


El Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen


   A continuación, Jesús dice a sus discípulos: Estén preparados,

porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.

   La venida de Jesús -el Profeta de Nazaret- es motivo de alegría:

Si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa (Apc 3,20).

   Jesús (=Dios salva): Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron.

Pero a los que le recibieron, a los creen en Él,

los hizo capaces de ser hijos de Dios (Jn 1,11s).

   Jesús es el Emmanuel (=Dios con nosotros) y nos sigue diciendo:

Donde dos o tres se reúnen en mi nombre,

yo estoy allí en medio de ellos (Mt 18,20).

   Jesús está con nosotros cada vez que celebramos la Santa Misa:

La Eucaristía -dice el Papa- no es un premio para los perfectos 

sino un generoso remedio y un alimento para los débiles (EG, n.47).

   Jesús está con nosotros, presente en sus hermanos: hambrientos,

sedientos, emigrantes, desnudos, enfermos, encarcelados (Mt 25,40).

   En “Misericordia et misera” (2016, n.18), el Papa Francisco dice:

Todavía hay poblaciones enteras que sufren hoy el hambre y la sed

Grandes masas de personas siguen emigrando de un país a otro

en busca de alimento, trabajo, casa y paz.

La enfermedad, en sus múltiples formas, es una causa permanente

de sufrimiento que reclama socorro, ayuda y consuelo.

Las cárceles son lugares en los que, con frecuencia,

las condiciones de vida inhumana causan graves sufrimientos ().

El analfabetismo está todavía muy extendido ().

La cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente,

hace que se pierda el sentido de solidaridad y responsabilidad ().

Dios mismo sigue siendo hoy un desconocido para muchos ().

   Para hacer realidad una sociedad humana… fraterna… solidaria… 

a muchos de nosotros nos hace falta tener la capacidad de:

*Ver en cada persona la imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26).

*Oír el grito de los niños que tienen hambre…y el clamor de la tierra.

*Anunciar el Reinado de Dios y su justicia: No lleven nada

para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero… (Lc 9,2s).

*Salir y ayudar a: viudas, pobres, huérfanos, forasteros, ancianos…

quienes -ayer y hoy- son explotados y maltratados (Ex 22,20s).

*Celebrar la Eucaristía, acogiendo a pecadores (Lc 15,2). J. Castillo

 

CON LOS OJOS ABIERTOS

   Las primeras comunidades cristianas vivieron años muy difíciles. Perdidos en el vasto Imperio de Roma, en medio de conflictos y persecuciones, aquellos cristianos buscaban fuerza y aliento esperando la pronta venida de Jesús y recordando sus palabras: Vigilad. Vivid despiertos. Tened los ojos abiertos. Estad alerta.

   ¿Significan todavía algo para nosotros las llamadas de Jesús a vivir despiertos? ¿Qué es hoy para los cristianos poner nuestra esperanza en Dios viviendo con los ojos abiertos? ¿Dejaremos que se agote definitivamente en nuestro mundo secular la esperanza en una última justicia de Dios para esa inmensa mayoría de víctimas inocentes que sufren sin culpa alguna?

   Precisamente, la manera más fácil de falsear la esperanza cristiana es esperar de Dios nuestra salvación eterna, mientras damos la espalda al sufrimiento que hay ahora mismo en el mundo. Un día tendremos que reconocer nuestra ceguera ante Cristo Juez: ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, extranjero o desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Este será nuestro dialogo final con Él si vivimos con los ojos cerrados.

   Hemos de despertar y abrir bien los ojos. Vivir vigilantes para mirar más allá de nuestros pequeños intereses y preocupaciones. La esperanza del cristiano no es una actitud ciega, pues no olvida nunca a los que sufren. La espiritualidad cristiana no consiste solo en una mirada hacia el interior, pues su corazón está atento a quienes viven abandonados a su suerte.

   En las comunidades cristianas hemos de cuidar cada vez más que nuestro modo de vivir la esperanza no nos lleve a la indiferencia o el olvido de los pobres. No podemos aislarnos en la religión para no oír el clamor de los que mueren diariamente de hambre. No nos está permitido alimentar nuestra ilusión de inocencia para defender nuestra tranquilidad.

   Una esperanza en Dios, que se olvida de los que viven en esta tierra sin poder esperar nada, ¿no puede ser considerada como una versión religiosa de cierto optimismo a toda costa, vivido sin lucidez ni responsabilidad? Una búsqueda de la propia salvación eterna de espaldas a los que sufren, ¿no puede ser acusada de ser un sutil “egoísmo alargado hacia el más allá”?

   Probablemente, la poca sensibilidad al sufrimiento inmenso que hay en el mundo es uno de los síntomas más graves del envejecimiento del cristianismo actual. Cuando el Papa Francisco reclama una Iglesia más pobre y de los pobres, nos está gritando su mensaje más importante a los cristianos de los países del bienestar.

José Antonio Pagola (2013)

 

La hojita se difunde en la siguiente parroquia de Mérida (España):

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