Lunes, 24 de Febrero del 2020
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Jesucristo Rey del Universo, ciclo C: 24 de noviembre del 2019
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LOS CRISTOS CRUCIFICADOS, HOY


   Cuando decimos: Padre nuestro, venga a nosotros tu Reino,

debemos poner: vida donde hay muerte… amor donde hay odio…

verdad donde hay corrupción… libertad donde hay esclavitud…

justicia donde hay opresión… paz donde hay violencia…

   Sin embargo, hay creyentes que se oponen a estos valores del Reino,

pues solo buscan riquezas explotando y crucificando a los pobres.

 

Mientras las autoridades se burlan, el pueblo mira a Jesús

   Mientras el diablo le muestra a Jesús los reinos del mundo,

le dice: Todo esto será tuyo, si te postras y me adoras.

Jesús le contesta: Adorarás al Señor tu Dios y a Él solo servirás.

Luego, el diablo se aleja de Jesús hasta otra ocasión (Lc 4,7;  13).

   Durante su vida y ahora en la cruz, Jesús sigue siendo tentado.

*Las autoridades se burlan de Jesús y dicen: Ha salvado a otros,

si es el Mesías de Dios, el Elegido, que se salve a sí mismo.

Aceptar que Jesús es el Elegido de Dios dependerá de un milagro,

que elimine su dolor y cambie su destino en estos últimos instantes.

Las autoridades denunciadas por Jesús celebran una aparente victoria.

¿Será la muerte el final o, más bien, el comienzo de una vida plena?

*También los soldados se burlan de Jesús, ofreciéndole vinagre

para prolongar su agonía. Y como hay un letrero que dice:

Éste es el Rey de los judíos, le piden: Si eres Rey, sálvate a ti mismo.

No entienden que Jesús es Rey pero no como los reyes de este mundo.

*Uno de los malhechores le insulta diciendo: ¿No eres tú el Cristo?

Sálvate a ti mismo y a nosotros. Quizás este malhechor ha luchado

contra los romanos por caminos violentos, y ha sido sentenciado.

*Sin embargo, no todo es negativo. Muchas personas de Galilea que:

-han escuchado las enseñanzas de Jesús y han visto sus obras,  

-le han acompañado, caminando con Él hasta Jerusalén,

-le han seguido al calvario, entre lamentos y llantos…

ahora, miran al Rey de los judíos que desde la cruz sigue salvando.

 

Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino

   Frente a los insultos y a las tentaciones, Jesús guarda silencio.

Entre tanto, surge la voz del otro malhechor crucificado:

Confiesa su culpa… Reconoce la inocencia del Profeta de Nazaret…

Luego exclama: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

El último diálogo de Jesús antes de morir lo hace con un malhechor.

   Acuérdate de mí -hoy en día- es el grito de una multitud de pobres:

explotados, dominados, excluidos, despreciados, humillados…

En otras palabras, estos pobres son los Cristos crucificados,

como dijo -en 1559- Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios:

Dejo en las Indias a Jesucristo, nuestro Dios, azotado… afligido…

abofeteado… crucificadono una, sino millares de veces.

-¿Los neo-colonizadores que matan a los pobres oirán esta denuncia?

-¿Hasta cuándo estos neo-colonizadores seguirán enriqueciéndose,

dejando a su paso la muerte: de seres humanos, y de la madre tierra?

-¿Qué nos impide que los pobres ocupen en nuestro corazón el lugar

que tienen en el corazón de Dios? (Francisco, homilía: 17 nov 2019).

Al respecto, tengamos presente el siguiente testimonio de san Pablo:

Solo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres,

cosa que siempre hemos tratado de cumplir (Gal 2,10).

   Hasta el último instante de su vida, el Buen Pastor sigue salvando,

y dice al malhechor: Te aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso.

Este “hoy salvífico atraviesa el texto de san Lucas:

*El ángel del Señor anuncia a los pastores esta Buena Noticia:

Hoy, en Belén, ha nacido para ustedes el Salvador (Lc 2,10s).

No olvidemos que en aquella época los pastores eran despreciados.

*En la sinagoga de Nazaret, Jesús lee el siguiente texto de Isaías:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido para

anunciar la Buena Noticia a los pobres y liberar a los oprimidos.

A continuación dice: Hoy, se cumplen estas profecías (Lc 4,16-21).

*Después de sanar a un paralítico, la gente alaba a Dios y exclama:

Hoy, hemos visto cosas increíbles (Lc 5,26).

*Cuando le dicen que Herodes intenta matarle, Jesús contesta:

Díganle a ese zorro: Hoy y mañana sigo sanando (Lc 13,31-33).

Y nosotros, ¿somos capaces de denunciar a las autoridades creyentes,

que descuidan la justicia… la misericordia… la fe…? (Mt 23,23s).

*Después que Zaqueo da sus riquezas a los pobres, Jesús le anuncia:

Hoy, ha llegado la salvación a esta casa (Lc 19,8s).         J. Castillo A

 

ACUERDATE DE MÍ

   Según el relato de Lucas, Jesús ha agonizado en medio de las burlas y desprecios de quienes le rodean. Nadie parece haber entendido su vida. Nadie parece haber captado su entrega a los que sufren ni su perdón a los culpables. Nadie ha visto en su rostro la mirada compasiva de Dios. Nadie parece ahora intuir en aquella muerte misterio alguno.

   Las autoridades religiosas se burlan de Él con gestos despectivos: ha pretendido salvar a otros; que se salve ahora a sí mismo. Si es el Mesías de Dios, el “Elegido” por Él, ya vendrá Dios en su defensa.

   También los soldados se suman a las burlas. Ellos no creen en ningún Enviado de Dios. Se ríen del letrero que Pilatos ha mandado colocar en la cruz: Este es el rey de los judíos. Es absurdo que alguien pueda reinar sin poder. Que demuestre su fuerza salvándose a sí mismo.

   Jesús permanece callado, pero no desciende de la cruz. ¿Qué haríamos nosotros si el Enviado de Dios buscara su propia salvación escapando de esa cruz que lo une para siempre a todos los crucificados de la historia? ¿Cómo podríamos creer en un Dios que nos abandonara para siempre a nuestra suerte?

   De pronto, en medio de tantas burlas y desprecios, una sorprendente invocación: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. No es un discípulo ni un seguidor de Jesús. Es uno de los dos delincuentes crucificados junto a Él. Lucas lo propone como un ejemplo admirable de fe en el Crucificado.

   Este hombre, a punto de morir ajusticiado, sabe que Jesús es un hombre inocente, que no ha hecho más que bien a todos. Intuye en su vida un misterio que a él se le escapa, pero está convencido de que Jesús no va a ser derrotado por la muerte. De su corazón nace una súplica. Solo pide a Jesús que no lo olvide: algo podrá hacer por él.

   Jesús le responde de inmediato: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Ahora están los dos unidos en la angustia y la impotencia, pero Jesús lo acoge como compañero inseparable. Morirán crucificados, pero entrarán juntos en el misterio de Dios.

   En medio de la sociedad descreída de nuestros días, no pocos viven desconcertados. No saben si creen o no creen. Casi sin saberlo, llevan en su corazón una fe pequeña y frágil. A veces, sin saber por qué ni cómo, agobiados por el peso de la vida, invocan a Jesús a su manera. “Jesús, acuérdate de mí” y Jesús los escucha: “Tú estarás siempre conmigo”. Dios tiene sus caminos para encontrarse con cada persona y no siempre pasan por donde le indican los teólogos. Lo decisivo es tener un corazón que escucha la propia conciencia.  

José Antonio Pagola (2013)

 

 

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